Entrar en oracion rara vez ocurre de manera instantanea al cerrar una puerta o abrir un devocionario. Con frecuencia, los afanes del dia y el rumor incesante de las preocupaciones acompanan nuestros primeros minutos de recogimiento, interponiendose entre el deseo de rezar y la paz que anhelamos. El silencio no es un vacio esteril ni la mera ausencia de ruidos externos, sino una disposicion activa del alma que se abre a la escucha.
Aquietar la memoria antes de hablar
Los maestros espirituales de la tradicion monastica recomendaban siempre una pausa previa antes de iniciar cualquier rezo vocal. Dedicar apenas dos o tres minutos a respirar con sosiego, contemplar una imagen sagrada o encender una pequena vela de cera pura ayuda a serenar los sentidos. En ese breve atrio previo, dejamos en las manos de Dios las tareas pendientes y nos preparamos para un dialogo verdadero.
La oracion de presencia paciente
Muchas veces sentimos la urgencia de llenar el tiempo con muchas formulas, como si la oracion dependiera de la abundancia de nuestras palabras. Sin embargo, perseverar unos instantes en sobria adoracion, sabiendose mirado con misericordia, transforma la vida interior con mayor profundidad. El fruto madura en la constancia apacible, no en la exaltacion efimera de los sentimientos.
Un refugio para cada jornada
Establecer una rutina diaria a la misma hora y en un rincon sobrio del hogar protege este espacio de serenidad frente a la prisa cotidiana. No hace falta un tiempo desmedido para reencontrar el centro; basta la fidelidad humilde a este encuentro para que la paz de Dios impregne el resto de nuestras obligaciones.
